La crísis del sistema económico PDF Imprimir E-mail
Martes, 23 de Febrero de 2010 22:14

 Para entender el porqué la crisis actual no es una crisis más hay que contextualizarla dentro de la última etapa evolutiva del sistema capitalista en el que nos encontramos, el capitalismo financiero global.

 

 

 

 

Los procesos de desnacionalización, de desregularización y de liberalización de la economía en todo el mundo han ido reduciendo paulatinamente la autonomía económica de todos los países singulares mientras se crea un absoluto descontrol de los flujos internacionales de mercancías, de mano de obra y sobre todo de los capitales financieros internacionales, cada vez más importantes, a la vez que las economías de los diferentes países se van especializando en un sector concreto de la economía.

 

Así, hoy en día el protagonismo de las relaciones económicas no está en los capitalistas industriales productores de bienes, sino en los financieros y especuladores que con apretar la tecla de un ordenador mueven grandes capitales de un lugar a otro del mundo dependiendo de la rentabilidad que puedan conseguir en uno u otro lugar.

 

De manera que la crisis que estamos viviendo no es un reajuste del funcionamiento de un sistema (como eran las evoluciones cíclicas de las economías) sino una crisis sistémica, la crisis de un sistema que lo único que busca es la continua maximización de los beneficios del capital, una crisis de la economía financiera y especulativa que busca obtener éxito y dinero fácil e inmediato en contraposición al valor del trabajo y del esfuerzo.

 

Una economía especulativa es aquella que se basa en obtener dinero comprando y vendiendo, no se busca producir para dar respuesta a las necesidades de las personas sino que se juega con esas necesidades para ganar dinero.

 

Tradicionalmente cuando las empresas querían elevar el nivel de producción necesitaban aumentar su número de trabajadores provocando a su vez una reducción del desempleo que al ser más escaso aumentaba su coste, los salarios, obligando a las empresas a su vez o a subir los precios o a reducir plantilla con la consiguiente subida del paro. De esta forma la oferta agregada limitada por la cantidad de mano de obra existente en el país proporcionaba a los trabajadores un poder de negociación que les permitía mantener sus condiciones laborales limitando las fluctuaciones de la economía dentro de los estados nación donde los gobiernos tenían competencias económicas para poder tomar las medidas necesarias.

 

Este proceso con la libertad de movimiento de factores de producción por todo el mundo y el desmantelamiento de los estados nacionales se rompe.

 

Por un lado con la inmigración. Los empresarios pueden acceder a una gran cantidad de mano de obra barata con la que seguir aumentando su producción con unos márgenes cada vez mayores, mientras que por otro lado con el incremento del dinero y el crédito que permite la estancia en un área monetaria única posibilita financiar un gasto por encima de la renta nacional existente en el país generando episodios duraderos de exceso de demanda agregada creando las llamadas burbujas.

 

Este proceso en el modelo productivo español, que la especialización internacional por áreas geográficas le ha asignado, ha sido muy claro con un crecimiento excesivo de la construcción residencial y la consecuente creación de una enorme burbuja inmobiliaria basada en el sobreendeudamiento que permitió el euro y los millones de inmigrantes como mano de obra barata que han roto el mercado laboral.

 

Todo un proceso de endeudamiento masivo producido durante estos años que ahora se ha detenido originando la necesidad de hacer frente al pago de esas deudas, sucediendo a ese periodo de gran de crecimiento este periodo de contracción en el que las deudas contraídas por los agentes en el periodo expansivo van a resultar muy difíciles de saldar en este periodo contractivo, provocando que muchos españoles estén perdiendo sus negocios, sus trabajos, sus viviendas y la confianza en el futuro sobre la que se basan las decisiones de consumo y de inversión.

 

Estamos en una clara crisis de sobreendeudamiento provocada por el desmedido afán de lucro, pro el ganar más y más a costa de lo que sea.

 

Así desde finales de 2007, donde la actividad económica empezó a desacelerarse por el fin del boom de la construcción ligado al fin de la de la burbuja inmobiliaria (por el shock en la oferta de créditos que produjo la crisis bancaria internacional que trasladó rápidamente a la economía real), se rompió el crecimiento acompañado de una caída brutal del empleo, con cientos de miles de desempleados nuevos cada mes en un proceso de destrucción de puestos de trabajo sin precedentes tanto en cuantía como en velocidad que todavía no se ha parado.

 

La crisis de la construcción fue la que más impacto tuvo en el empleo y en la caída del crecimiento económico en un primer momento, pero como un efecto dominó se trasladó al resto de sectores.

 

Todo esto ha empobrecido a España, que ha pasado de ser una de las locomotoras de la Unión Europea a tener el descenso de la actividad más acusado de los veintisiete  afectando al resto de los países de la zona, ya que a España la metieron en la UE para que fuera un país consumidor, no un país productivo, desmontando todo nuestro sector productivo a cambio de los fondos estructurales con los que apuntalar el nuevo patrón de crecimiento basado en la construcción y los servicios.

 

Ahora que España está hundida los franceses y alemanes se dan cuenta que no tienen a quienes exportar sus productos, ya que la excesiva especialización de los países en un área concreta se traduce en que todos los países son más débiles ya que dependen unos de otros. Hay países como España que tienen unos consumos excesivos mientras se enfrenta a unos déficits y a unas balanzas de pagos negativas, mientras que otros países tienen la situación contraria. Claro que aquí habría que analizar la situación de los diversos sectores económicos y su relación entre ellos y con el resto de sectores y países.

 

Pero antes de entrar a analizar estos y otros aspectos de la realidad económica en la que vivimos, y en la que se necesitaría un artículo para cada uno de ellos, no hay que olvidar la razón de fondo de esta situación y la que se ha intentado exponer aquí: las bases que sustentan la economía financiera internacional contraria a la existencia de la soberanía económica de los pueblos y promotora de la eliminación de las características raciales sociales y culturales de cualquier nación (las bases que lo forman) con el objetivo que sean los rendimientos del capital los que manden;  su intención  no es que la economía sirva a las necesidades de la población, sino que sea el pueblo el que sirva a esta nueva economía.

 

De lo que no se quieren dar cuenta es que la economía es una ciencia social, por lo tanto los cimientos, la base sobre la cual edificar la economía es la sociedad, son las personas con sus necesidades y problemas.

 

Primero porque el comportamiento de las personas es el que determina la evolución económica, no la evolución de la economía la que determina las acciones de las personas. No se puede crecer y crecer indefinidamente, existen límites.

 

Y segundo porque una cosa es que el mercado sea necesario en cualquier sistema social para el intercambio de los bienes, y otra cosa es convertir a toda la sociedad en un mercado, a que vivamos en una sociedad de mercado, donde el valor de cualquier cosa lo decida el mercado, incluso el valor de los sentimientos, el valor de un paisaje, de un espectáculo. Si el mercado no le atribuye un precio se piensa que nada tiene valor.

 

No es lo mimo valor y precio pero para los defensores del libre mercado lo único importante es el precio, de manera que si hay algo que el mercado no puede atribuirle un precio con el que comerciar para ganar dinero para el mercado no vale.

 

Así el valor de las naciones, de su historia, de su razas, de sus culturas como no pueden ser cuantificados para mercadear con ello no tiene valor para el sistema de libre mercado, por tanto deben ser eliminadas para establecer ese libre mercado mundial en el que poder ganar y ganar dinero.

 

Pero como dice una coplilla, no hay más necio que quien confunde valor y precio.

 

Redacción Alianza Nacional

Actualizado ( Martes, 23 de Febrero de 2010 22:46 )